Memorias
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Tus recuerdos y memorias, todas las experiencias compartidas con Juan José, compartelo con nosotros a:

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Carta enviada por Livio Alchini * * * Londres * * * Lunes, 03 de septiembre del 2007
"LA VIDA NUNCA SE ACABA"


Hola Josefina:

... quiero contarte algo que, a los tres o cuatro años, me enseñó mi hijo Matteo (que ahora tiene 18 años).  Vivíamos todavía en Bogotá y él no conocía una  palabra de ingles.  Miraba una película gringa que yo de vez en cuando, cuidándolo, también miraba,  me parecía unas de estas historietas sencilla y nada más  ... para él las imagines del protagonista, un niño que habitaba en Alaska, tenían un gran valor, pues este niño tenía un osito como mascota .... lamentablemente  un cazador acabó con la vida de este pequeño animalito justo cuando empezaba el otoño... otra tragedia pasó en la primavera cuando una mama oso fue llevada por una avalancha y su pequeño osito se quedó huérfano.  El pobrecito buscaba protección y en su camino encontró el niño que había perdido a su mascota unos meses antes... para nosotros los adultos todo terminaba: se divirtió  y pare de contar.  No conocía la sabiduría de un niño.  Cuando vio las palabras “The End” corrió hacia mi y con una sonrisa estupenda y me dijo, sabiendo de pronunciar una verdad absoluta cuya respuesta ya estaba dada: ¿Verdad papá que la vida nunca se acaba?

 Miré en la pagina web  de la Fundación "Ing. Agr. Juan José Castelló Zambrano" y mis ojos cayeron en las caras de estos niños de la escuela Limoncito:  no preguntarme la razón, pues no tengo la sabiduría de estos jóvenes, pero vi en el rostro de ellos la cara buena, sonriente y comprometida que siempre seguirá teniendo tu hijo. 

 Tenía  razón mi hijo:   la vida nunca se acaba.

 Admiro tanto a ti y tu marido: están venciendo un dolor inmenso para regalar sonrisas y un porvenir a seres que este mundo superficial parece ignorar.  No puede existir amor más grande.

 Un abrazo

 Livio

Leticia Carvajal de Zambrano


Queridos amigos:

El día que despedían a su hijo, hubo tanta gente que eso habla de la grandeza de ustedes como seres humanos; en silencio meditamos y compartimos su dolor.

Fue conmovedor las palabras de Juan José con respecto a vuestro hijo, esa remembranza fue la mejor manera de entregarlo a Dios, pero fue también el nacimiento de su inmortalidad;porque estamos seguros, queserá una luz que va ha humanizar a todos quienes compartimos este momento.

Personalmente nunca tratamos a su hijo, pero cuando estuvimos en su casa y nos compartieron tantas vivencias,entre ellas las tarjetas escritas para el Día de La Madre nos quedo la impresión, de que tanta bondad, solidaridad y entrega de amor, son virtudes que rebasan la condición humana,y que son propias solamente de alguien que nació para ser un Apóstol que predicaba con el ejemplo y ese fue Juan José Castelló Zambrano.

Con mucho amor y verdadero sentimiento, les escribimos estas líneas y deseamos que Dios les de un poco de resignación y tengan la certeza que la labor profesional que creó e inició su hijo vivirá para siempre en la Fundación que ustedes han creado.

Un abrazo

Rubén y Leticia

Fabrizio Peralta Díaz * * * Guayaquil * * * Miércoles, 22 de agosto del 2007


Recuerdo con claridad los primeros años de Juan José.  Cuando él nació, sus papás habitaban en la Kennedy, muy cerca del parque que ahora lleva el nombre de un ex Presidente.  Solía frecuentar su casa porque mi tío y casi padre, don César Díaz, me llevaba junto a su hijo Martín --quien es como mi hermano-- a dar vueltas por allí con nuestras bicicletas.  Martín es, a la vez, primo materno de Juan José, así que, bajo esas circunstancias, era muy entendible que lo conociera desde que se meció en la cuna.

Pero también eran frecuentes las visitas de Juan José a la casa de mi tío.  Yo, que vivía un piso más abajo en el mismo edificio, me lo encontraba cuando iba a jugar con Martín.   Él no participaba en nuestros juegos por la diferencia de edades que nos separaba, pero desde niño tengo muy presente la imagen de un chiquito muy alegre, cariñoso, casi siempre risueño y tiernamente hablantín.   

Nunca olvido que en alguna ocasión él estaba muy contento con un monigote que mi tío César le compró para quemarlo en fin de año, pues le habían llamado mucho la atención los muñecos que se exhibían por las calles en esos últimos días de diciembre.  No tendría más de tres años por ese entonces, pero también me acuerdo de que no le hizo mucha gracia que le incineren su querido año viejo, ya que lloró mucho cuando se lo lanzaron al fuego.

Con el tiempo el contacto se perdió.  No llegué a ser su amigo ni lo traté siendo ya un adulto porque las circunstancias nos llevaron por derroteros distintos.  No obstante, siempre estuve enterado de sus pasos y sé que recorrió su camino con singular rectitud, nobleza, determinación y buena voluntad.

Juan José ha partido muy pronto.  Breve fue su existencia, pero interminable el afecto que prodigó a todos quienes le conocieron y trataron.  

Muchos transitan por este mundo y llegan a viejos sin dejar una huella que trascienda y venza al tiempo; pocos son los que nos legan lecciones que confirman cuán duradero es el amor que se brinda espontáneamente.  Tú, Juan José, nos legaste esas enseñanzas y, pese a que hoy no podemos verte, tu espíritu se ha inmortalizado en nuestros corazones gracias a una vida fructífera y acrisolada por el amor.

Fabrizio Peralta Díaz

Carta enviada por el Ing. Juan Carlos Cerna Barrantes * * * Managua - Nicaragua


Estimada Familia Castelló Zambrano:

Es para mi un gozo  y una dicha enterarme de que la visita a Limoncito estuvo plagada de muchos éxitos y nuevos retos. Cuánto me hubiera gustado estar presente y disfrutar de tanta maravilla que solo el amor, el cariño, el afecto y el trabajo pueden lograr. Todavía no conozco Limoncito pero creo que no debe diferir mucho de las comunidades pobres que existen en toda nuestra América Latina y en particular de mi Nicaragua linda que sufren el abandono y la necesidad de manos generosas. Espero en un futuro cercano poder compartir en persona la labor y los logros de la Fundación que lleva el nombre y la calidad humana de mi hermano Juanjo.

Les animo fielmente a seguir siempre en ese arduo caminar llenos de esperanzas y de amor. Cuenten como siempre de una familia que los quiere y los recuerda desde este rinconcito del mundo. Les reitero el compromiso de mi familia y el mío propio en acompañarlos de cualquier forma que este en nuestro medio para llevar a buen término todos los proyectos de la organización y el apoyo incondicional de afecto y ternura que nos unen por amor a mi hermano.

Con mucho afecto y cariño, que Dios los bendiga y que la Santa Madre los cobije con su manto protector,

Atentamente,

Ing. Juan Carlos Cerna Barrantes
Managua, Nicaragua


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